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Compartiendo la cama (tenemos encuesta)

por Ivannia Varela Correo electrónico

En el diario El País, de España aparecieron unos datos sobre los niños que duermen con sus padres que me gustaría que ustedes analizaran para enriquecer este tema.
Por ejemplo, se dice que una investigación efectuada por los pediatras estadounidenses Ferber y Lozoff, en las décadas de los 80 y 90, reveló que en el 30% de las familias de raza blanca y el 70% de las afroamericanas, los niños dormían habitualmente con sus padres.
De igual manera, un estudio llevado a cabo en Suecia, ponía de manifiesto que entre el 35% y el 40% de los niños de entre los dos y seis años compartía regularmente la cama con otros miembros de la familia.
Como no tenemos estadísticas de nuestro país, los invitamos a participar en la encuesta que habilitamos en este espacio. Los resultados no serán concluyentes, pero dan pie a la discusión.
También nos interesa conocer sus testimonios y consejos relacionados con los niños que no han aprendido a dormir solos en sus habitaciones.


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No quiere dormir solo, ¡auxilio!

por Ivannia Varela Correo electrónico

“A dormir, igual que a comer, se aprende, y los niños solo pueden aprender si se les enseña”, aseguró el doctor Eduard Estivill en una entrevista para el diario español El Mundo, días después de haber publicado su tercer libro dedicado a explicarles a los padres cómo conseguir que sus hijos duerman solos en sus habitaciones.

Si bien, el consejo parece sencillo, en la práctica, muchos papás saben que dicha misión es realmente complicada, desgastante y hasta dolorosa para los niños, quienes no comprenden por qué tienen que quedarse solos en su habitación mientras papi y mami duermen acompañados.

Las continuas migraciones nocturnas, son como para filmar una tragicomedia. El papá o la mamá dejan al pequeño en su cuarto, le leen un cuento y salen de puntillas en cuanto lo ven dormido. Sin embargo, a las tres horas, el chiquito llega a la habitación de sus padres porque "sufrió una pesadilla" y tiene miedo.

Los papás lo tranquilizan, le explican que debe regresar a su cama y, quizá hasta lo acompañen, sabiendo, muy a su pesar, que la escena volverá a repetirse, una, dos o tres veces más durante esa noche. Al final de tanto estira y encoje, el niño amanece feliz con sus padres, mientras ellos pasarán un día contracturados y soñolientos.

En mi caso, como mamá, confieso que no tuve la mejor nota en esta tarea. Mi hija aprendió a dormir sola a los cinco años y, aunque yo, como periodista, tenía conocimientos teóricos sobre este tema, –porque había leído y escrito algunos artículos al respecto–, pasé muchas, muchísimas “malas noches”.

Como esta queja es más común de lo que uno podría imaginarse, queremos dedicar este espacio para que otros papás cuenten cómo lograron que sus hijos aprendieran a dormir solos. Algunos de los comentarios se publicarán próximamente en la revista Proa.


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Más técnicas

por Ivannia Varela Correo electrónico

A mi correo electrónico ingresó un comentario del señor David Víquez que deseo compartir con ustedes y que ofrece otros consejos útiles para manejar los berrinches y otros conflictos, tomando en cuenta la personalidad del niño.
Les copio textualmente su email para continuar con esta discusión. Los comentarios que se han hecho sobre este tema se publicarán el domingo 29 de octubre en la revista Proa.

"Mi esposa y yo tenemos la dicha de criar a un niño de voluntad firme.
Antes de que iniciaran los verdaderos berrinches (después de los de bebé pequeño), los de niño que razona y toma sus propias decisiones; ya habíamos recurrido a la literatura, porque desde las primeras horas de nacido pudimos notar ese firme carácter.

Ya tiene 3 años y con el ingreso al preescolar y enfrentarse a un mundo donde él no es el único niño, debe compartir, seguir las reglas de un grupo, obedecer al nuevo líder... Hemos pasado a la verdadera práctica de lo que hemos leído, que dicho sea nunca será suficiente y hechar mano a la creatividad para que el castigo no pase a ser una simple represión, sino toda una enseñanza.

Como anécdota le podemos contar que su primera semana de clases el marcador quedó 5 a 5. 5 primeros días de clase, 5 recados de conducta en su libreta de comunicaciones. Y podemos decir que ha sido toda una experiencia para nosotros como padres, como al grupo de teachers de su escuela.

En este tiempo, hemos notado como muchas personas pueden (o tienden) a confundir una voluntad firme con un comportamiento malcriado y ese es un error muy grave, ya que la estrategia de corrección estaría mal planteada. El Dr. James Dobson lo ha descrito así: [es casi inevitable que] "desafíe a sus maestros y ponga en tela de juicio los valores que le han enseñado".

Podemos decir que lo que hemos implementado ha sido:
1. Conocer ¿quién es nuestro hijo?.
2. Respetar lo que lo hace único: Su carácter, su voluntad firme, lo que él es.
3. Moldear eso que lo hace único.
4. Leer mucho (podemos recomendar los libros: "¿Cómo criar a los varones?", "¿Cómo criar a un niño de voluntad firme? del Dr. James Dobson y "Know your child" de los psiquiatras Stella Chess y Alexander Thomas).
5. Ser dinámicos con el castigo y la recompensa, muchas veces no solo basta con quitarle su programa favorito o su actividad favorita, de hecho hemos notado como en ocasiones lo que hacía nuestro hijo era "acomodarse" a las circunstancias.
6. La disciplina debe centrarse no sólo en su comportamiento, sino en las actitudes que motivan dicho comportamiento. Por ende valuamos sus actitudes con respecto a su entorno y no solo el comportamiento que muchas veces es lo más evidente. Cualquier berrinche de supermercado es más que evidente para el padre y los clientes presentes; pero muchas veces reconocer las actitudes (buenas o malas) es más difícil, porque requiere detenimiento.
7. Tratamos de no recibir quejas de nadie, las quejas muchas veces de eso no pasan. Cuando recibimos una "queja" la trasladamos a una estrategia correctiva en conjunto (mayormente con sus teachers). Escuchamos lo que nos proponen, aportamos lo nuestro y medimos los resultados; en ocasiones el resultado no es lo que planificamos, pero en vez de frustrarnos variamos la estrategia.
8. Nunca corregimos resaltando malas acciones, sino el buen resultado que queremos obtener. Por ende, si nuestro hijo no hace caso NO le decimos: ¡Eres un gran desobediente, haz caso!, lo reemplazamos por: Eres un niño obediente, debes comportarte como tal y hacer caso.
9. Procuramos que el castigo sea inmediato, si hace un berrinche en el supermercado, en su escuela, en el carro, en la casa con visitas... hablamos inmediatamente con él para que reconozca la mala acción y la consecuencia. Imagínese lo que sería para un niño de 3 años hacer de las suyas, que los padres "traten de disimular", pasan las horas, el niño olvida. ¿Cuándo va a ser corregido, al llegar a su casa (horas más tarde) y no recuerde exactamente que lo motivó a portarse mal?
10. Para no hacer la lista muy larga. Motivamos los buenos valores familiares. Nuestro hijo es varón y como pasa más tiempo con su mamá, hemos creado "el día de hombres", donde salimos el y yo solamente; esto ha unido aún más el lazo padre-hijo. Mi esposa y yo salimos solos todos los viernes y le hemos enseñado a respetar ese tiempo; esto le ha permitido reconocer el valor del buen matrimonio.
El fin de semana es solo nuestro, hacemos todo tipo de actividades; pero una que siempre esta presente es nuestra "tarde de cine". El domingo en la tarde buscamos en el Video la película que nuestro hijo escoja, hacemos palomitas en el microondas, la vemos y al final discutimos lo que más nos gustó de la película y nosotros como padres resaltamos momentos clave que nos ayudarán con la crianza del pequeño; esto le ha permitido el valor de reconocer la importancia de vivir en familia.

Con todo y esto, ni nosotros ni él somos los papás perfectos, ni el niño perfecto. No hay de eso.
Sin embargo y a pesar de lidiar con berrinches somos nosotros, seguimos siendo dinámicos con su educación. El amor es la clave.

PD. No tenemos más puntos por nuestras carreras (por si alguien lo piensa), solo somos un ingeniero y una administradora, no solos ni psicólogos ni psiquiatras o pediatras... Nos cuesta lo mismo que a cualquier familia." (hasta aquí el comentario del señor David Víquez).


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