Desigualdad, pobreza y desempleo
Con ese título -o algo similar- abrió hoy La Nación su sección editorial. Y la pregunta de fondo es cómo reducir esas variables sociales de manera elevada y sostenida para hacer de Costa Rica una sociedad más justa y próspera.
La posición del periódico es que el desempleo, pobreza y desigualdad se afectan positiva o negativamente por dos variables macroeconómicas fundamentales: el crecimiento del PIB y el nivel de inflación. Más concretamente, dijo que durante el período comprendido entre 2007 y 2008, cuando el PIB crecía a tasas vigorosas, bajaron el desempleo y la pobreza. Y la pobreza no bajó más a pesar del incremento en el nivel nominal de los salarios, porque la inflación fue muy elevada.
Pero que en 2009, cuando la tasa de expansión de la producción fue negativa (-1,3%), subieron el desempleo (de 4,7% a 7,5%) y la pobreza (de 17,5% a 18,5%) y, además, subió el índice de Gini que mide la desigualdad (pero aclara que la desigualdad no depende únicamente de una variables, sino de otras no mencionadas en el editorial). También indica que la pobreza no subió más gracias a la reducción de la inflación. Y de ahí se derivan varias conclusiones importantes:
· Hay que evitar (a toda costa) las crisis económicas por el costo que implican en términos de crecimiento, desempleo, pobreza y desigualdad. Es claro que las crisis afectan más a las personas ubicadas en los quintiles más pobres, lo cual es un costo social inaceptable.
· Corolario de lo anterior, hay que estimular el crecimiento de la producción. Eso es fundamental. La pregunta es cómo lograr que el crecimiento sea elevado y sostenido para evitar los altibajos en el empleo con las alzas y bajas en el PIB.
· Algunos afirman (Flacso, entre otros) que no todo crecimiento del PIB conduce a aumentos del empleo y reducción de la pobreza. Por tanto, no hay que fijarse en cuánto se crece sino cómo se crece. Lo ideal según esta posición es lograr crecimiento de calidad. Otros, por el contrario, piensan que tratar de lograr un “crecimiento de calidad” puede tener un costo en términos de la tasa bruta de crecimiento, y que lo ideal es lograr tasas elevadas y sostenidas del PIB durante períodos de tiempo prolongados, como ha hecho la China.
· Pero esto nos lleva a otra proposición controvertible: a veces, aunque haya un crecimiento elevado, no se logra mejorar la distribución del ingreso, como también ha sucedido en China. Pero en CR, conforme decrece el PIB (tal y como sucedió en este período de crisis), se deteriora aún más la distribución de la riqueza.
¿Qué piensan los bloguistas?
Flotar exitosamente
Para fructificar, el régimen de flotación se enfrenta a retos importantes, pero también tiene oportunidades. Hoy voy a concentrarme en los retos de las autoridades y de los particulares (personas; empresas) que participan activamente en el mercado cambiario.
Objetivos: son varios los objetivos esenciales de un régimen cambiario:
1) alcanzar y sostener el equilibrio (por todo y sobre todo), pues nada se gana con sostener artificialmente la moneda si las fuerzas reales de oferta y demanda andan por otro lado;
2) procurar la estabilidad en el tipo de cambio. Este último, sin embargo, debe estar supeditado al primero. En aras de un equilibrio insostenible se puede caer en la tentación de intervenir para evitar movimientos hacia arriba o hacia abajo, con consecuencias indeseables en la balanza de pagos y, eventualmente, en producción nacional. Y eso nos lleva al tercer objetivo:
3) neutralidad del tipo de cambio entre importadores y exportadores para evitar las distorsiones que implica una ineficiente asignación de los recursos productivos. 4) Equidad. Íntimamente relacionado con lo anterior, es un principio de justicia constitucional (distributiva) darle a cada uno lo que es suyo: el exportador tiene el derecho a recibir el valor real de lo exportado (ni más, ni menos), y el consumidor no debe pagar más (ni menos) del valor real de lo importado. Y de ahí se deriva que los productores que compiten con productos importados no deben favorecerse ni penalizarse por las distorsiones en el tipo de cambio.
Equilibrio y desequilibrio:
- Los equilibrios en economía existen; es falso que en el mercado cambiario no se dan. Lo que sucede en mercados muy dinámicos y cambiantes, como el petróleo o cualquier moneda, hay factores que inciden diariamente que lo hacen oscilar. Basta ver lo que pasa entre el $ y el Euro.
- El equilibrio de una moneda debe verse como una zona de equilibrio, más que un punto fijo. Dentro de esa zona puede variar hacia arriba o hacia abajo en oscilaciones moderadas, sin que implique la ruptura del equilibrio.
- Pero cuando una moneda marca una tendencia hacia una dirección, es señal de que no está en equilibrio. Lo correcto es que se deje variar hasta que alcance nuevamente su nivel de equilibrio.
- El Fondo Monetario Internacional dijo en su último informe (hace escasas dos semanas) que el tipo de cambio en CR estaba en una zona de equilibrio. Para mí, eso es muy importante. Significa que puede variar por razones de estacionalidad u otras, pero que no se va a disparar en ningún sentido. Eso lo deben entender los empresarios y demás participantes en el mercado cambiario.
- Mi opinión personal es que, quizás, seguiremos flotando dentro de las bandas por un tiempo.
- Pero es válido preguntarse si se podría perder ese relativo “equilibrio” para volver a experimentar alzas más notorias.
- Políticas para preservar el equilibrio
· El equilibrio del tipo de cambio está íntimamente relacionado con el equilibrio macroeconómico. Es decir, si el gasto de los sectores público y privado se corresponde con los ingresos de esos mismos sectores, uno pensaría que el tipo de cambio también puede estar en equilibrio.
· Pero, claro, existen grandes tentaciones para alterar el equilibrio macro, como cuando el Gobierno gasta mucho en comparación con sus ingresos (déficit fiscal) o el sector privado se dispara en sus gastos. En ambos casos, la demanda agregada tenderá a presionar los precios y el tipo de cambio, pues aumentan las importaciones.
· Al Banco Central le corresponde jugar un papel muy importante en el equilibrio del tipo de cambio. ¿Cómo? Manteniendo una política monetaria prudente, es decir, consintiendo un aumento de la emisión y liquidez que concordante con el crecimiento de la producción (metodología tradicional) o con las expectativas de inflación si migrara a inflation targets. Pero si el banco se engolosina (o lo presiona mucho el sector privado), puede caer en la tentación, como lo ha hecho muchas veces, de aumentar mucho la liquidez. Esos colones de más, persiguiendo los mismos dólares, terminarán presisonando el tipo de cambio y también la inflación. En cambio, si se porta bien, habrá menos presión en el tipo de cambio y la inflación
· El primer corolario de lo anterior es lo siguiente: la mejor forma de controlar el tipo de cambio es controlando la inflación (liquidez).
· Un régimen de flotación siempre reflejará las políticas económicas. Si la política monetaria es laxa, o la política fiscal es expansiva, habrá presión en el tipo de cambio. Y si no, no (como dicen en el campo). Pero no se les ocurra en ningún momento culpar al régimen cambiario de flotación si sube el tipo de cambio. Normalmente estará reflejando políticas monetarias desacertadas. El frío no está en las cobijas. Tampoco se les ocurra matar al mensajero
Otros factores que inciden en el equilibrio
· Dicho lo anterior, hay que reconocer la existencia de otros factores no relacionados con la política monetaria que pueden incidir en el nivel del tipo de cambio.
· Choques externos, incluyendo cambios en los precios del petróleo
· Cambios estructurales
· Otros
Medidas de protección
- Es casi obligatorio mencionar las coberturas cambiarias dentro de este capítulo. La Bolsa de Valores ha desarrollados mecanismos; véanlos. Pero, para mí, lo esencial es lo siguiente
- La mejor política para evitar los efectos negativos de las fluctuaciones cambiarias –la mejor y más efectiva- es que el Banco Central mantenga sanas políticas monetarias y preserve la estabilidad del colón. Acuérdense de que el tipo de cambio no refleja el valor del dólar en el mercado costarricense (no seremos tan pretenciosos de pensar que aquí, en este mercadillo, le podemos dar valor al dólar). Lo que hacen las políticas monetarias del BC es darle valor al colón.
- Así, “velar por la estabilidad interna y externa de la moneda” como reza el Art. 2 de la LOBC, no es otra cosa que tener una baja inflación. Porque si los precios aquí suben más que en el mercado internacional, hay que devaluar para preservar la competitividad de las exportaciones. Es un error pensar, como hacen algunos economistas o funcionarios, que garantizar la estabilidad externa de la moneda es controlar el tipo de cambio. Eso es totalmente equivocado desde los puntos de vista legal y económico. Es agarrar el rábano por las hojas.
- Si hubiera estabilidad, es decir, baja inflación, y se restituyera la confianza (credibilidad) de que el BC siempre se ocupará por este objetivo, y no por otros (que mandara al carajo la trinidad imposible), lo que podríamos hacer los costarricenses es colonizarnos. Si todas –o la gran mayoría- de nuestras operaciones las denomináramos e hiciéramos en colones, incluyendo créditos, depósitos, alquileres etc., y la moneda nacional fuera estable, no tendríamos que preocuparnos por las cotizaciones en el mercado cambiario. Las empresas ni los bancos dolarizarían sus respectivos patrimonios (tendrían más activos en colones que en dólares) y todos viviríamos happily ever alter
- Hay otros temas, sin embargo, que requieren discusión especial. A esos nos r referiremos eventualmente.
Primeros frutos de la flotación
Hace casi dos años, cuando se iniciaron las bandas cambiarias, yo las apoyé como medida transitoria hacia un nuevo régimen de flexibilidad cambiaria. En esa oportunidad (en realidad, fueron varios los artículos), les dije claramente a los lectores que, exceptuando la dolarización, el único régimen cambiario capaz de reducir la inflación y bajar las tasas de interés era la flotación. ¿Qué ha pasado desde entonces?
Bueno, el Banco Central tiene ya nueve semanas y media de no intervenir en el mercado cambiario. ¿Cómo se llama eso? Flotación. Las cotizaciones en el mercado cambiario en ese corto pero significativo período sí se han movido, una veces hacia arriba y más recientemente hacia abajo. O sea, se han movido –y se mueven- sin que medien compras ni ventas de divisas por parte del Banco Central. ¿Cómo se llama eso? ¡Flotación! Y la cantidad de dinero esterilizada por venta de divisas, o aumentada por la compra de reservas, ha sido prácticamente nula por ese concepto. Eso es típico de los regímenes de flotación limpia, donde la autoridad monetaria no interviene en el mercado cambiario ni contamina su programación monetaria con los efectos de su intervención cambiaria, precisamente para lograr una mejor programación. En otras palabras, el tipo de cambio se determina libremente por la conjunción de las fuerzas de oferta y demanda. ¿Cuáles han sido los resultados?
La respuesta es muy halagadora:
1. El tipo de cambio no se disparó, como temían algunos. Más bien, en este período bajó en respuesta a factores estacionales.
2. La inflación también bajó. Y aunque la reducción en las variaciones del IPC se inició antes de estas últimas 9 semanas y media, y hay otros factores que incidieron en la reducción de la inflación, como la recesión y caída del consumo, no se puede negar que la política monetaria ha sido más contractiva si se compara con la prevalecientes en el 2007 y primera parte del 2008. La gracia de la flotación es que la emisión no aumente (ni disminuya) por las operaciones en el mercado cambiario. En noviembre del 2008 la inflación llegó al 16% anualizada; al finalizar el año, se espera que ronde entre 4% y 6%.
3. Las tasas de interés bajaron, de un 12% a 9,25% actualmente, medidas por la tasa básica pasiva. El Presidente Ejecutivo el Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez (Guti), lo dijo claramente en una entrevista en La Nación el lunes pasado y lo repitió con fruición en una charla en la que juntos participamos en la Cacia el martes pasado: "la no intervención del Banco Central en el mercado cambiario ha abiertos espacios, junto con la reducción de la inflación, para bajar las tasas de interés." Estos son los principales frutos de la flotación. Pero también hay otros que se le pueden atribuir , al menos parcialmente.
4. Uno de ellos es la importante reducción en el déficit comercial de la balanza de pagos, que prácticamente se vino a la mitad, a pesar de la fuerte contracción de la oferta de divisas por exportaciones y entradas de capital. Ese déficit ya no pende como una espada de Damocles sobre las espaldas de los costarricenses. Y aunque sabemos, desde luego, que la caída en las importaciones responde en buena parte a la recesión, también hay que reconocer el ajuste importante que se hizo en el tipo de cambio desde mayo del 2008. El tipo de cambio ha aumentado 70 colones por dólar. Eso, desde luego, encareció las importaciones y contribuyó al ajuste en la balanza de pagos. Y eso nos lleva a otro tema muy importante.
5. Supónganse que el tipo de cambio se hubiera quedado alrededor de 490 colones por $1, como estuvo hasta mayo del 2008. ¿Qué hubiera pasado con los exportadores ante la crisis? El impacto habría sido muy fuerte. Posiblemente la producción y el empleo habrían mermado mucho más, y no hubiéramos salido relativamente bien librados de la crisis, como afirma el Fondo Monetario Internacional (FMI). Precisamente, esa misma institución afirma que los países suramericanos con regímenes cambiarios flexibles pudieron sobrellevar mejor la crisis.
6. Finalmente, hay frutos sociales que también son atribuibles, al menos parcialmente, a la flotación: al permitir bajar significativamente la inflación, se pudo preservar el valor real de los salarios, y el nivel de gasto no cayó durante la crisis, lo que, sin duda, se reflejará en un aumento relativamente menor de la pobreza. Si la inflación hubiera sido mayor, o si el Banco Central hubiera controlado artificialmente el tipo de cambio (como ocurrió en el período 2006-2008 (primera parte)no se hubiera podido bajar la inflación. En el próximo capítulo les contaré un poco acerca de los retos de la flotación y los deberes pendientes del Banco Central en esa materia. No cambien de canal…
¿Se estabilizarán las tasas de interés? (modificada)
Da un poco de pena preguntarse a estas alturas si se estabilizarán las tasas de interés (en colones) en los niveles actuales o si pronto se revertirán, como en otras veces. Pero posiblemente le dé más pena al Banco Central haber auspiciado tanta oscilación en un período de tiempo tan corto.
La inestabilidad en las tasas de interés se ha convertido en un ejercicio de pronóstico permanente en el gremio de economistas y una fuente de riesgo para los inversionistas. Si hoy, por ejemplo, se compra un título valor con una cierta rentabilidad, su precio podría variar hacia arriba si las tasas bajan, o hacia abajo si los intereses suben. Y eso produce pérdidas o ganancias por razones típicamente especulativas. La especulación consiste en predecir cuándo y por qué decidirá el Banco Central variar las tasas de interés. Es un riesgo macroeconómico para los inversionistas aún no reconocido por la Sugeval, Supen ni la Sugef.
En declaraciones recientes dadas a La Nación, recogidas parcialmente, mencioné la posible motivación política detrás de la reducción de tasas de 11,5% a 9,75%: lubricar la economía en el período electoral y cederle el campo a Hacienda para captar a un menor costo. Eso lo sostengo. Pero hay algo más. Para que la reducción sea sostenible debe ir acompañada de varios predicados adicionales.
· En primer término, para que las tasas de interés puedan encontrar su verdadero valor y eventualmente estabilizarse, el régimen cambiario y la política de intervención deberían dejar de imponerles un piso. La argumentación es esta: si la banda cambiaria superior aumenta a una tasa anualizada del 9% y las tasas pasivas para los depósitos en dólares rondan el 3%, las tasas en colones no podrían ser inferiores al 12% anual más un pequeño porcentaje para compensar el riesgo de una devaluación.
· Yo siempre he sostenido que se debería flotar la moneda (o sea, eliminar la banda superior, pues la inferior se volvió irrelevante) para que el Banco Central recupere el pleno dominio de su política monetaria, secuestrada por lo que los gringos llaman fear of floating. Si el Banco no tiene que aumentar (o disminuir) la emisión para comprar (o vender) divisas, puede programar mejor su expansión monetaria para hacerla concordar con el crecimiento del PIB. Y noten que todavía no estamos hablando de inflation targets, sistema novedoso y efectivo para controlar la inflación, pero que aún está en mesa de dibujo. Inflation targets también exige abandonar la flotación.
El Banco Central hoy (19/10/09) me da la razón. En declaraciones a La Nación dijo su Presidente Ejecutivo: " El comportamiento del mercado cambiario es interesante. Llevamos nueve semanas donde el Banco no interviene en el mercado cambiario, con n tipo de cambio con altos y bajos (0 sea, está flotando, agrego yo) pero que ha andado relativamente estable. Las expectativas de devaluación son relativamente menores. Eso abre algnos espacios para ir acomodando las tasas de interés nominales a la baja, sin mucho abuso..."
· Efectivamente, las cotizaciones en el mercado cambiario se han mantenido dentro de las bandas y el Banco Central no ha intervenido durante nueve semanas y media (como el título de la excitante película protagonizadas por la sensual Kim Basinger y el enigmático Mickey Rourke). Muchas cosas (prohibidas para mayores) pueden suceder en las próximas nueve semanas y media en el mercado cambiario.
· Si el tipo de cambio siguiera bailando desnudo dentro de las bandas, sin el ropaje del Banco Central; y si, además, el Banco siguiera una política monetaria prudente, sin expansión monetaria por razones políticas, las tasas de interés se podrían estabilizar.
· En apoyo de la tesis anterior, hay que decir que las tasas reales de interés son muy altas, por lo que se justificaba una reducción de las tasas nominales. Si se toma en cuenta la inflación pasada, alrededor de 5,5%, y las tasas actuales son del 9,75%, hay un pequeño margen para reducirlas aún más. Pero si se considera la inflación futura, donde las expectativas señalan un 8% para el 2010, ya prácticamente no habría margen para reducirlas aún más. Más bien, podrían, incluso, subir si la demanda de divisas aumenta conforme se recupera la economía.
- El otro factor que podría poner presión en las tasas de interés es la necesidad de mayor captación que tiene el Ministerio de Hacienda. Conforme aumente el déficit fiscal, mayor será la presión sobre las tasas de interés (a menos, claro está, que el Central convalide las necesidades fiscales con mayor liquidez). Pero la inflación, en ese caso, podría aumentar y presionar, de nuevo, las tasas de interés.
- Como ven, el Banco Central tiene la papa en la mano. Si efectivamente sigue políticas monetarias prudentes y se abstiene de intervenir en el meercado cambiario, se podrá consolidar la baja en las tasas de interés. La duda, sin embargo, es que en el programa Macroeconómico se contemplan tasas de expansión de la liquidez my superiores al crecimiento real esperado del PIB. Por eso los economistas no tenemos más remedio que tratar de adivinar.

02/11/2009 04:01:25 pm, 
El público comenta