Don Rodrigo Carazo en la balanza
Quiero aportar una pequeña reflexión sobre la gestión presidencial del Lic. Rodrigo Carazo Odio, con el objeto de que la historia la refleje de la manera más objetiva posible. Pero, primero, deseo expresar a doña Estrella, a sus hijos y parientes, mi más sentida expresión de solidaridad en este momento doloroso.
En don Rodrigo convergen dos aspectos sobresalientes y, quizás, contradictorios: una fulgurante personalidad acompañada de sobresalientes cualidades personales, y un conjunto de políticas económicas encontradas, unas buenas y otras más discutibles, que marcaron definitivamente su paso por la administración pública.Sobre lo primero, he de decir que don Rodrigo era uno de los hombres más carismáticos que he conocido. También, valeroso, honesto y sincero. Nunca habló con doblez –al pan, pan y al vino, vino- y siempre quiso lo mejor para Costa Rica. Frente a él, uno siempre sabía dónde estaba parado. Eso siempre se lo agradecí, aún en las discrepancias ideológicas que alguna vez tuvimos. Mi balance de su persona es de lo más positivo.
Como político, fue muy inspirador. Yo voté por él, atraído por su verbo fuerte y su enérgica personalidad. Recuerdo aquella frase memorable: Yo doy el cuerpo, yo doy la cara, porque Uds. vienen detrás…
Donde la historia encontrará campo fértil para la discusión y evaluación de su legado es en el campo económico. Rodolfo Cerdas esta mañana lo describió con propiedad en una larga entrevista con doña Amelia Rueda. Dijo que heredó una crisis del exterior y también de su predecesor, don Daniel Oduber Quirós. Yo concuerdo con esa apreciación. A don Daniel le tocó vivir en la fase expansiva del ciclo económico internacional, con fuerte crecimiento del PIB, bajos precios del petróleo y unos precios del café muy favorables para el país, de $350 por quintal. Don Daniel no hizo ningún esfuerzo (ni política anticíclica keynesiana) por contrarrestar el efecto expansivo en el gasto interno y la balanza de pagos de aquella bonanza cafetalera. Más bien, aumentó el gasto público a niveles preocupantes e incrementó el endeudamiento de manera concomitante. Pero al final de su gestión, cuando se iniciaba la fase recesiva del ciclo, el Fondo Monetario Internacional, que preveía la crisis y el empobrecimiento sobreviniente, le recomendó devaluar para evitar, al menos en parte, lo que sobrevendría después. Y ese fue un error macroeconómico que marcaría los resultados posteriores.
Don Rodrigo entró al gobierno ilusionado con sus programas sociales (que demandaban amplios recursos del Estado) en la esperanza de que la crisis externa no golpeara mucho a Costa Rica. Por eso, no quiso devaluar, a pesar de que muchos se lo dijimos, incluyendo el FMI. Recuerdo sus palabras: en mi gobierno, no habrá devaluación…Lástima. Si él hubiera devaluado a tiempo, no habría tenido que consentir ajustes tan altos, una vez que los déficit fiscal y comercial mostraron su horrible rostro.
La estrategia macroeconómica de don Rodrigo no era tan equivocada como muchos aducen. Planteo dentro de su propio partido, que tenía mayoría en la Asamblea, un proyecto de reforma tributaria ambicioso. Eso habría tenido como consecuencia disminuir el nivel de gasto total, mediante una traslación de recursos privados al sector público. Pero su propio partido lo defraudó. No lo aprobó. Entonces, recurrió al financiamiento del déficit fiscal con recursos del Banco Central mediante un mecanismo indirecto que resultó en una gran expansión monetaria. Claro, el tipo de cambio no aguantó. Lo demás, es harto conocido.
La defensa de don Rodrigo es que no quiso, en medio de la crisis, afectar el gasto público por el efecto social que tenía. ¿Tenía razón? ¿No hubiera sido mejor aprobar la reforma tributaria? Esos son temas para la historia. Pero, sin embargo, le hizo un gran favor a quien lo sustituyó, don Luis Alberto Monge, pues implementó de hecho un ajuste importante en el tipo de cambio, único medio de solucionar el tremendo faltante de la cuenta corriente de la balanza de pagos, y el mejor medio de estimular la producción interna, sobre todo las exportaciones. A don Luis Alberto, por así decir, le sirvió la mesa. Ojalá que la historia así lo registre.
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10 comentarios

La vida me llevó por otros lares, sin embargo, siempre el saludo con mucho cariño. Cuando se hizo una reunión política, durante su campaña, en Guadalupe, la reunión fue a cuatro puertas de mi casa, desde luego que allí estaba yo. Mientras él hablaba en el local donde no cabía un alma más; afuera sentadas en el borde del caño, con tremendo dolor en los pies por estar de pie, su madre y yo. Recuerdo que conversamos de todo. Una señora muy amena, divertida, accesible,- como siempre lo fue él- de voz ronqueta.
Años más tarde, ya siendo presidente, en una guardia mía, tarde en la noche, en el Hospital San Juan de Dios, venía yo por uno de los pasillos que conducen hacia las pensiones que tenía antes el hospital, cuando: sorpresa, apareció por allí. ¿Señor Presidente, que hace usted por aquí? Después de un abrazo y beso en la mejilla, me dijo: “es mi mamá, está aquí”. Le ofrecí mis humildes servicios de estudiante de medicina, qué más podía hacer. Poquito tiempo después me enteré que la señora que había fallecido.
Con que placer me llené la boca una y mil veces en el exterior cuando hablaba de Costa Rica diciendo que en mi país, un ex presidente de la República llamado Rodrigo Carazo Odio, contestaba personalmente el teléfono, abría él la puerta de su casa, que cualquiera la podía tocar, que me encontraba a su esposa, Doña Estrella, con mucha frecuencia en el supermercado, y nos deteníamos a conversar y que siempre que le pedí ayuda, me la daba.
Cuando decidí hacer cuidados paliativos, al primero que le solicite ayuda fue a él. Estaba por entonces en la Universidad de la Paz, sabía que viajaba mucho, le conté lo que me había pasado, y porque quería estudiar medicina paliativa. Le dije que tal vez él conocía a alguien en Nueva York que me pudiera ayudar. Me prometió abrir los ojos y ver que aparecía. Un tiempo después, me buscaba para invitarme a cenar a su casa pues una señora de Nueva York donaría el busto de Ben Gurión en la Universidad para la Paz y estaba vinculada a algo parecido a lo que yo quería estudiar en su país. Resulto ser la señora Kaplan, quien luego se convertiría en una de mis mejores amigas en USA. Fui a su casa esa noche, comida muy sencilla, me metí a la cocina con Doña Estrella a ayudarle a servir pues la señora que le ayudaba en la casa, no estaba esa noche. Hablamos y la señora Kaplan prometió ponerme en contacto con otra señora que sí estaba vinculada mucho más que ella con la medicina paliativa. Así fue. Hoy esa otra señora es mi segunda mamá. La quiero entrañablemente. Tenemos más de 20 años de amistad, y la visito todos los años. Con ella celebro la fiesta de Hannuka, el año nuevo judío, y la Pascua judía.
Ese era don Rodrigo. ¿Cuántas veces le pedí ayuda? Bastantes. “Don Rodrigo, hay un proyecto en la Asamblea Legislativa…. Figúrese que…., no cree usted que podría ayudarme haciendo que…… Siempre con su hermosa y franca sonrisa. Siempre frontal, siempre diciendo lo que sentía y pensaba.
Hace muy poco mi hija se fue a la India, entre otras cosas a conocer al Dalai Lama. “Mamá no crees vos que don Rodrigo Carazo me recibiría para…. Porque…..” “Idiay mi hijita, llámelo, dígale que es mi hija, y lo que necesita” luego “Mamá que señor más pura vida. Me habló del Dalai Lama y me dijo que procurara estar lo más cerca de él que pudiera. Que podría sentir la paz que trasmitía.” Así fue. Y quedó encantada mi hija con Don Rodrigo, como yo muchos años antes.
Ese era don Rodrigo. Cuando fui electa como Defensora, al inicio, conformé un grupo selecto de personas, a las que nombré como amigos de la Defensoría. Quería, necesitaba escuchar muchas opiniones, de todos los sectores e ideologías. Allí estuvo, listo para darme su opinión y su ayuda si se la pedía.
Ese era don Rodrigo. Fue bastión de la lucha por Costa Rica. Fue valiente, dijo lo que pensaba, pero sobre todo, era consecuente. Lo que pensaba siempre estaba en relación a lo que actuaba. Se sabía dónde estaba parado. No doble discurso, no doble moral. Consecuente, congruente siempre en su amor por Costa Rica, por los derechos humanos, por la paz, siempre en defensa de esta tierra y de los derechos de las futuras generaciones. Ese era don Rodrigo y se nos fue. No comprendo a veces los designios del SEÑOR. Se nos van los buenos, los queridos, los valientes, los de una sola pieza, los de luz propia. Pobrecita Costa Rica, ha perdido a uno de sus más grandes defensores. A un pre claro patriota. ¡Cómo nos hará falta! ¿A dónde volver la vista, cuando se necesite dirección para los asuntos de la Patria?
No quiero escribir más. Sólo quiero llorar. Quiero llorarlo, como costarricense, como ciudadana, como pupila, como amiga, como habitante común y corriente que tuvo el honor de conocerlo y recibir como muchos miles su ayuda, su respeto, pero sobre todo su amistad. Que Dios lo bendiga, don Rodrigo.
Lisbeth Quesada Tristán
Ex Defensora de los Habitantes de la República
Buenas tardes don Jorge. Presenta usted una visión objetiva y clara de la situacion de los años 70 y especificamente del gobierno de don Rodrigo. Con todo respeto, le pido remebrar para todos el enorme elefante blanco heredado del gobierno de Oduber que fue CODESA y como de despilfarro y mal utilizo dinero del pueblo costarricense.
Esa fue una de las tantas malas practicas con las que tuvo que lidiar el Sr. Carazo. Por otro lado, lo felicito, que buena pasada le dio al sector finaciero semanas atras, por favor continue, el tico debe de tener conciencia de ese tipo de manejos.
Gracias, saludos
Saludos
RAUL
El abandono de su grupo se evidenció en una entrevista a su vicepresidente Altman Ortiz en estos días, quien dijo no recordar las filas en el Estanco; posiblemente su condición económica no lo obligó a hacerlo y su despiste de entonces, tampoco le permitió ver al pueblo haciéndolo. A D. Rodrigo no lo traté personalmente pero sí a su hijo Rodrigo Alberto, a quien acompañé en su carrera a la diputación por el PAC; mientras recorríamos los caminos de Los Santos, percibí el cariño que le guardaba la gente a su padre; casi todos coincidían en algo, hubiera hecho un mejor gobierno en otras circunstancias, si la situación mundial hubiese sido mejor. Creo que desde hace varios años el pueblo perdonó a D. Rodrigo, si es que algo le tenía que perdonar.
Las muestras de cariño en su despedida, lo vienen a demostrar.

10/12/2009 11:58:56 am, 