Costa Rica

/blogs

El sinsentido de las propinas obligatorias

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

No sé quién tuvo la ocurrencia de proponer que en Costa Rica la propina tenía que ser obligatoria, ni sé por qué los diputados de 1972 no se tomaron la molestia de leer la definición de propina en el diccionario antes de ponerse a inventar.

Lo que sí sé es que distorsionaron por completo la mentalidad de saloneros y consumidores por parejo, y así va a ser difícil que lleguemos a tener una cultura de servicio al cliente en restaurantes y bares en la que ambas partes ganen.

Una propina es un "agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio", según la Real Academia Española.

Hacerla obligatoria es destruir el concepto mismo de propina. Ya no se trata de un gesto para agasajar, sino de aceptar una imposición; no es sobre el precio convenido, sino que es parte del precio (convenido por los diputados de 1972); no es muestra de satisfacción, sino únicamente muestra de que quien paga es un ciudadano respetuoso de las leyes que no sale corriendo cuando llega la cuenta.

Esa ley nunca debió hablar de "derecho a propina". Cualquier otra cosa, como complemento salarial, comisión por ventas, redistribución de ingreso, etc., hubiera tenido más relación con lo que el texto establece.

Pero se mal utilizó ese término y ahora tenemos:

1) La creencia de muchos saloneros de que la propina es un derecho divino que se merecen simplemente por existir y no un reconocimiento que tienen que ganarse.

2) La creencia de muchos consumidores de que, como ya están pagando el 10% de servicio -aún cuando reciben mal servicio-, no tienen por qué reconocer absolutamente nada más.

Es obvio para cualquiera -menos para los diputados de 1972- que en ese escenario es difícil que se dé una buena relación entre las dos partes.

Es un círculo vicioso en el que una parte no ve incentivo para mejorar y la otra guarda un resentimiento que le impide dar ese incentivo. Se le niega al salonero su derecho de ganar más esmerándose por dar un buen servicio y se le niega al consumidor su derecho de utilizar su dinero para obtener efectivamente un buen servicio.

El daño está hecho y esa ley seguramente continuará ahí, fuera de lugar y fuera de tiempo, diciendo que la propina "no es obligatoria para consumisiones inferiores a diez colones".

Pero si uno de verdad quiere un buen servicio, tiene que olvidarse de esa ley, romper el círculo vicioso y dar propina en el verdadero y correcto sentido de la palabra. ¿Por qué, si ya pagamos el 10%? Porque funciona. Sencillamente por eso. ¿Usted cree que los turistas extranjeros suelen recibir mejor servicio por sus ojos azules? ¿No será por sus lindos billetes verdes? 

Haga la prueba. Cuando vaya a los restaurantes que suele visitar, deje propina cuando crea que el salonero la merece y verá cómo el servicio empieza a mejorar sustancialmente (sin que esto quiera decir que a los dueños de restaurantes no les corresponda también entrenar y supervisar mejor al personal).

De lo contrario, la obra creada por los diputados de 1972 se mantendrá a perpetuidad y quien tendrá que seguir soportando los resultados no son ellos, sino -en esta parte por favor imagínese alguna música de suspenso- usted.


Add to Google Add to Onlywire

La comodidad vale $3.280

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Este es un excelente ejemplo de un consumidor que conoce sus derechos y un sistema que los hace valer. ¿A cuántos se nos ocurriría tomar tan en serio un asiento en mal estado? ¿Qué tan en serio se tomará Air France la calidad de sus asientos en adelante?

Justicia chilena condena a Air France por falla en asiento de un pasajero

SANTIAGO, 14 Ago 2008 (AFP) - La justicia chilena condenó este jueves a la aerolínea francesa Air France a pagar una indemnización de 2.500 dólares a un pasajero que sufrió molestias en un vuelo entre Santiago y París en junio de 2007, informaron fuentes judiciales.

La Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago ratificó un fallo de un juzgado de Policía Local, que en primera instancia condenó a la compañía francesa por infracción a la Ley del Consumidor.

En junio del año 2007 el abogado y ex presidente de LAN Chile Guillermo Carey viajó en un vuelo Santiago-París en clase business y durante el trayecto tuvo problemas con el asiento que se le atribuyó, que presentaba fallas en su armazón y se mantenía en deficientes condiciones.

Carey intentó un arreglo amistoso con Air France que le ofreció un descuento de 310 dólares en un pasaje, acuerdo que no satisfizo al abogado que denunció a la aerolínea por infracción a la Ley del Consumidor.

Además de la indemnización de 2.500 dólares, Air France deberá pagar una multa por daño moral al pasajero de unos 780 dólares. 


Add to Google Add to Onlywire

Olimpiadas a medias en Amnet

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Desde que empezaron las Olimpiadas no he logrado ver ninguna competencia de ningún deporte, a pesar de que tengo como 100 canales disponibles con Amnet y de que en China hay centenares de atletas practicando todos los deportes que uno se pueda imaginar.

Lo único que he logrado ver son resúmenes de noticieros nacionales, mexicanos, norteamericanos... y nada de competencias. ¿¿Cuál es la gracia de ver deportes si solo se pueden ver los resultados??

Llamé a Amnet y después de unos cinco intentos en los que nadie levantó el teléfono, logré hablar con alguien que -después de no quiero saber cuántos minutos- me dijo que a partir de hoy se está transmitiendo en canal 23 lo que Teletica transmite en Canal 33.

El horario es de 10 a.m. a 2 p.m., cuando estoy -¡gran sorpresa!- trabajando; los sábados de 12 m.d. a 7 p.m., cuando por lo general trabajo o ando fuera; y el domingo de 8 a.m. a 7 p.m., que supongo le sirve a quienes pasan todo el domingo en la casa.

En pocas palabras, resígnese a no ver prácticamente nada. Tras de todo me dicen que la transmisión empezó a partir de hoy, como si no se hubiera sabido desde hace ya sus añitos cuándo empezaban los juegos.

La explicación fue que Teletica es dueña de los derechos y que solo negoció ese horario. Como suscriptora de Amnet, que le echen la culpa a otra empresa de cable lo único que me dice es que la empresa a la que yo le estoy pagando no peleó -o pagó- suficiente para ofrecerme un buen servicio.

A continuación puede escuchar las llamadas. Hasta en el minuto seis fue que logré que alguien me atendiera. Luego seguí esperando hasta el minuto 10, cuando la representante de servicio al cliente me dio la explicación.


Add to Google Add to Onlywire

Son ¢100.000. ¿Quién paga?

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Esa fue la pregunta que me hizo hace unos días José Miguel Redondo, un empleado de La Nación, después de que su carro pasó sobre esta alcantarilla destapada al ingresar al parqueo del periódico.

"En el fondo de ese ¡¡&%"#&!! hueco quedó mi llanta, mi aro y mi compensador... Resultado final: Hueco 1 – Mi carro 0, marcador que equivale a ¢100.000 en gastos", me dijo.

Me pareció una buena oportunidad para averiguar qué podemos hacer los usuarios perjudicados por servicios públicos en mal estado.

Llamé a la Municipalidad de Tibás y pregunté qué responsabilidad asume esta cuando ocurren accidentes causados, por ejemplo, por un alcantarillado inseguro.

Esta vez se dañó un vehículo -lo cual es bastante serio porque las reparaciones no son exactamente gratuitas-, pero otro día podría caerse un niño o quebrarse un hueso cualquier persona. Eso por mencionar solo algunas posibilidades y sin porneme trágica.

Para mi sorpresa, la abogada de la Municipalidad, Jeannette Acuña, no rechazó de primera entrada la posibilidad de que la institución asuma la responsabilidad. Según explicó, se debe presentar una carta dirigida al alcalde, preferiblemente con copia de las facturas.

Claro, una cosa es que el municipio reciba el reclamo y otra que pague los platos -o llantas- rotos. Si no los paga, entonces hay que acudir a la vía contencioso-administrativa (utilizada en problemas con instituciones públicas).

Esto significa contratar un abogado, que significa pagar quizá más de lo que se está reclamando, que significa llevarse un gran disgusto, que significa que muchos preferirían no hacerlo.

Sin embargo, la abogada insistió en que el nuevo Código Procesal Contencioso-Administrativo ofrece nuevas posibilidades y recordé comentarios similares que he escuchado de otros abogados.

El nuevo código permite procesos orales más expeditos, no es necesario agotar la vía administrativa, los jueces pueden dictar medidas cautelares, más ciudadanos tienen legitimidad para demandar, se pueden hacer conciliaciones y otros recursos.

Sería interesante que grupos vecinales, consumidores e individuos en general experimenten con esta opción. Sospecho que con solo recibir la notificación del reclamo judicial, la Municipalidad de Tibás preferiría tapar la alcantarilla de inmediato.

Quizá eso no le ayude a José Miguel a que le reconozcan rápidamente el costo de las facturas y quizá una tapa de alcantarilla es algo muy pequeño para llevar a un tribunal, pero podría ser una forma efectiva de exigir servicios públicos seguros si no se logran de ninguna otra forma.


Add to Google Add to Onlywire

"Acepto que me den por la cabeza"

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

De 16 comercios que venden electrodomésticos con planes de crédito, solo TRES cumplen con toda la normativa debida. ¡Solo tres!

Algunos cobran intereses por adelantado y no sobre los saldos deudores, conforme estos se van reduciendo. Eso es ILEGAL.

Otros penalizan al consumidor si paga la deuda por adelantado o ni siquiera le permiten hacerlo. Son cláusulas ABUSIVAS, claramente.

Por supuesto que en muchos casos tampoco desglosan INFORMACIÓN como los rubros de abono a la deuda, intereses y saldo. La gente paga y paga y si por error u otra razón le aumentan la deuda ni se da cuenta. 

Puede ver los detalles en La Nación y en el Ministerio de Economía.

Me parece innecesario detallar la opinión que como consumidora me merecen semejantes prácticas, pero lo que realmente INDIGNA es que, si esto es tan común, solo puede significar una cosa: los clientes no están exigiendo números claros, no están reclamando cuando les cobran intereses ilegales, no están cuestionando por qué los contratos tienen cláusulas desequilibradas en su contra.

Parece que a muchos les dan un contrato que básicamente dice "Acepto que me den por la cabeza" y lo firman. ¿Entonces PARA QUÉ se crean leyes y prohibiciones si los principales interesados ni se fijan?


Add to Google Add to Onlywire

Monopolios...

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Los monopolios suelen tener consumidores cautivos que deben aguantar mala atención al cliente y un servicio mediocre o la negación total del servicio. Y eso abarca todo, hasta el área religiosa.

Ya que el Estado le da poder a la Iglesia Católica para realizar trámites legales relacionados con el matrimonio, lo cual es realmente un servicio público para quienes son creyentes de esa religión, sería de esperarse un servicio al menos funcional en todas las oficinas de la organización.

Lamentablemente casos como el de la pareja de Laura Sancho y Alexander Ortiz, y otros que he visto de primera mano, muestran que a algunos religiosos quizá les hace falta un cursito de servicio al cliente y de organización administrativa.

A continuación el relato de Laura:

"Mi novio y yo nos comprometidos en marzo y una de las primeras decisiones que tomamos fue la Iglesia donde queríamos casarnos. Desde ese mes empezamos nuestro vía crucis. Empezamos a llamar a la Iglesia de San Rafael Arcángel de Escazú para solicitar una cita con el padre Ronny Solano Fallas y poder así reservar el día de nuestro matrimonio, que sería en marzo del 2009.

Primero nos dijo la secretaria que no porque faltaba mucho tiempo, luego que debíamos hablarlo con el sacerdote, por lo que insistíamos por una cita. Como él nunca estaba disponible o bien la secretaria no sabía dar razón, fuimos varias veces también a buscarlo personalmente pero nunca tuvimos suerte en encontrarle. 

Finalmente la secretaria nos dijo que el lunes cuatro de agosto dedicarían el día, en horas de oficina, para atender y reservar fechas y que el costo era de ¢15.000.  Mi novio llegó 30 minutos antes de iniciar el horario de atención, esto a las 9:00 a.m., una vez ahí la secretaria repartió fichas a las personas que estaban, los hizo pasar y después de unos 20 minutos pasó con una lista.

Fue ahí que nos hizo saber que la fecha que queríamos ya estaba reservada y que por favor no insistiéramos. Simplemente ¡nuestra fecha ya estaba reservada! ¿Cómo, después de cuatro meses de estar insistiendo por una cita, en los que nadie nos pudo atender y mucho menos dar razón, nuestra fecha ya estaba tomada? ¿Cómo fue, entonces, que otra pareja sí logró reservar en la Iglesia de San Rafael para ese mismo día?

Como tenemos ya contratado el lugar de la recepción, tuvimos que correr e ir a la Iglesia de San Miguel, también en Escazú, donde tuvimos suerte de encontrar a una persona más amable y diligente, que si pudo verificar su agenda y apartarnos el día, a la única hora que quedaba ya disponible. Además, nos salio más económico porque ahí cobran ¢5.000. Realmente nos sentimos muy molestos, nos sentimos irrespetados, nos hicieron perder nuestro tiempo y paciencia sin necesidad ni justificación".


Add to Google Add to Onlywire

Supermercados supergoleadores

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Al parecer ir al supermercado en Costa Rica es como atajarle goles a Jens Mueller, Ferenc Puscas, Pelé y Alfredo Di Stéfano juntos: No hay forma de no salir seriamente goleado.

La Dirección de Apoyo al Consumidor hizo un estudio en 20 supermercados y los resultados son escalofriantes.

Algunos (Perimercado, Jumbo, Automercado, Muñoz y Nanne y Megasúper) golean al consumidor poniendo un precio en el estante de ciertos productos y aumentándolo hasta en ¢225 al llegar a la caja.

Otros supermercados (Muñoz y Nanne y Megasúper) llegan al extremo de vender el arroz, el único producto de precio regulado, a precios superiores a los legalmente permitidos.

De acuerdo con las autoridades, tales comportamientos se llaman especulación y son penados con multas de hasta ¢6,5 millones. Ya se abrieron algunos procedimientos para determinar si se aplican sanciones. Veremos.

Tras de todo, los fabricantes de ciertos productos también golean al consumidor reduciendo poco a poco la cantidad neta del producto, pero manteniendo el empaque del mismo tamaño...apenas como para que nadie lo note.

Ante tal panorama, a los consumidores solo nos queda convertirnos en porteros estrella o en porteros estrellados.

Lo primero implica mucho entrenamiento (comparar precios de estante vs precios de caja, precios regulados vs precios de venta, cantidad neta vs cantidad neta anterior). Lo segundo implica taparse los ojos, para no ver el marcador, y los oídos, para no oír a la gradería celebrando.

Claro, no es práctico andar de neurótico con la laptop en el supermercado haciendo cálculos, pero ¿por qué no apuntar algunos precios de vez en cuando por puro deporte y ver en qué momento pega algo indebido y denunciarlo?

Después de todo, no creo que sea nada difícil de pegar, a juzgar por la cantidad de casos detectados por las autoridades en tan solo una semana.

Si se presentaran más denuncias de ese tipo, quizá los supermercados tendrían más cuidado o, por lo menos, le ayudaríamos al equipo Consumidores a meter el gol de la honra.


Add to Google Add to Onlywire

Gallinas y consumidores

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Mencioné en el post del lunes pasado que yo como pescado pero no carne y varias personas me han preguntado por qué.

Siempre me había sentido mal por comer animales o utilizar partes de su cuerpo, además de que sinceramente me daba algo de asco. Yo era de esos chiquitos que preguntan "¿Y esto de qué parte de la vaca viene? ¿¿De dónde?? No, yo no me como eso".

Un día, hace como nueve años, iba pasando por un restaurante y vi que alguien entraba con una bolsa grande llena de gallinas...vivas. Unas encima de otras, luchando por salirse. 

Fue la primera vez que vi algo así y me imaginé la matanza que les esperaba una vez que lograran salir de la bolsa. Nunca más volví a comer pollo. Luego dejé de comer carne y así progresivamente con otros productos animales.

Los animales son capaces de sentir, tanto dolor físico como sentimientos, tales como el miedo. Siendo así, me parece horrible la forma en que son tratados tanto a lo largo de su vida como en el momento de su muerte: innecesariamente cruel y muy poco ética. Con esto no pretendo ofender a nadie, es simplemente mi forma de ver las cosas.

Por eso trato de que mis decisiones como consumidora contribuyan lo menos posible a promover prácticas crueles.

Ya sé que los peces también mueren cruelmente y que las vacas pueden ser ordeñadas de manera dolorosa, y aún así consumo esos productos. Sin embargo, al reducir el consumo de productos animales contribuyo menos a algo que me parece inaceptable.

Quizá no es mucho, pero tengo la esperanza de que se ofrezcan cada vez más productos que garanticen que el animal no fue maltratado.

Por ejemplo, en Estados Unidos son muy comunes los huevos de "gallinas libres". Estas viven sueltas en el campo, en lugar de pasar toda su vida encerradas en una jaula en la que no pueden ni darse vuelta entre los excrementos de las otras.

 

Habemos miles de consumidores en el mundo dispuestos a pagar por ese tipo de producto, lo que hace falta son más empresarios ofreciéndolos, lamentablemente.


Add to Google Add to Onlywire

Comida y servicio al cliente

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Ya que estamos hablando de restaurantes, hay dos problemas de servicio al cliente que detesto.

1) A muchos saloneros se les enreda el mundo si uno pide algo ligeramente diferente a lo usual. Típico pedido mío: "Un té negro con un poquito de leche por aparte, por favor". A mí me parece una instrucción muy clara y díganme ustedes si hay algo que se le pueda corregir para aclararla, porque no funciona.

He utilizado todo mi entrenamiento de periodista -que incluye decir las cosas de forma sencilla, gráfica y breve- y aún así a menudo veo que el salonero hace cara de que no entiende. Entonces de una vez le explico: "Es decir, tráigame un té negro normal, y, por aparte, un poquito de leche".  

¿Cuál es el resultado? Una taza de leche hirviendo con una bolsa de té; una taza de leche y una de agua caliente; un té de manzanilla con leche por aparte... Una vez hasta me dijeron: "Aquí no hay de eso, solo té negro o té en leche". Ahora lo que hago es pedir un té negro normal y, cuando ya lo tengo en frente, pido la leche, lo cual significa esperar el doble de tiempo y ojalá al salonero se le olvide.

Quizá no es la mayor complicación del mundo, pero mi punto es: ¿Por qué cuesta tanto salirse de la rutina, aunque sea para algo muy sencillo? ¿Falta de entrenamiento o de interés en lo que el cliente desea?

2) La otra costumbre que me parece una incomodidad totalmente innecesaria para el cliente es que le sirvan la comida a una persona, a los 5 minutos a la otra, y a los 10 a la otra, etc. En otros países me consta que eso es totalmente inaceptable.

Aquí no. A menudo mi esposo y yo pedimos que por favor nos traigan todo a la misma vez y nos dicen que sí... pero por supuesto que no lo hacen. No queda de otra que empezar a comer mientras el otro ve con ojos de hambre, o esperar y ver cómo tristemente la comida se va enfriando.

Y no entiendo por qué tienen que hacer eso. Nada les cuesta tener el primer plato en algún sitio caliente en la cocina mientras se alista el segundo, y después llevar todo junto.

Es un asunto de detalles que siempre me hace pensar: Si el restaurante hace las cosas a medias en ese aspecto, quizá también hace las cosas a medias en otros aspectos más delicados como el aseo o la calidad de los ingredientes que utiliza.

Un último punto es que esto no tiene relación directa con lo caro o barato de los lugares, pues he tenido buenas experiencias en lugares baratos y viceversa. Es un asunto de hacer las cosas con ganas.


Add to Google Add to Onlywire

Cuando el restaurante siempre tiene la razón

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Algunos restaurantes tratan de complacer los gustos de sus clientes. Otros tratan de que sus clientes los complazcan a ellos.

Eso me quedó muy claro en las últimas semanas.

Un día en la Esquina de Buenos Aires, un restaurante argentino en San José, pregunté si podía ordenar el lomito en salsa de pimienta pero con un filete de atún en lugar de lomito.

El salonero me explicó que el restaurante no trabaja con atún porque poca gente lo pide.

Cuando le dije que de verdad me gustaría probar el plato con atún porque no como carne, me propuso que la próxima vez que visitara el restaurante llevara yo misma el filete de atún y él se encargaba de que me hicieran el plato.

Así lo voy a hacer la próxima vez que vaya.

Ahora el ejemplo opuesto. Una noche pasé a Pizza Hut de Moravia y ordené una pizza. En su lugar recibí la respuesta de que solo me la vendían si la comía en el restaurante.

Le repetí a la joven que yo estaba haciendo un pedido para llevar y entonces vino el administrador, quien me explicó que por políticas de la empresa el tipo de pizza que yo quería solo la venden con la condición de que el cliente se la coma en el restaurante.

Con la más sincera curiosidad le pedí que me explicara qué razones justifican semejante condición. Después de todo, si compro una pizza es mía y me la puedo comer en el restaurante, en la acera del restaurante, en mi carro, en mi casa, regalarla, no comérmela...

Entonces me dijo, amablemente, que no había ninguna razón. Simplemente es una decisión de la empresa.

Me pregunto qué sigue ahora. ¿Le vendemos la pizza si se la come en menos de tres minutos? ¿No puede entrar si no usa una camiseta roja? ¿Solo le vendemos si paga con euros?

¿Qué tal esta condición: Solo compro pizza si no es Pizza Hut?


Add to Google Add to Onlywire

Selva para rato

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Había una vez un plan para eliminar la selva del Juan Santamaría y así es como se vino de pique:

En la terminal de llegadas, se planeaba crear "nuevas áreas comerciales donde los pasajeros pudieran esperar cómodamente a sus familiares y amigos", explicó ayer Fernando Lara, gerente de asuntos corporativos y servicio al cliente de Alterra Partners, empresa que administra el aeropuerto.

Incluso, el Gobierno emitió un decreto que regulaba los tumultos de personas ofreciendo servicios de todo tipo, para que al salir uno no tuviera que sufrir empujones ni llevarse a desconocidos en banda con las maletas.

Sin embargo, las obras en el aeropuerto sufrieron grandes atrasos porque las autoridades y Alterra nunca se pusieron de acuerdo sobre aspectos financieros, y Seguridad Pública nunca controló los tumultos. 

La peor parte quizá fue para los empleados del aeropuerto que no tienen comedor y comen hasta en el piso. Lara explicó que se debió improvisar porque los atrasos impidieron construir un comedor para que "los más de 3.000 empleados que laboran diariamente en el aeropuerto tengan lugares dignos de entrada/salida y de descanso, como en cualquier aeropuerto del mundo".

En pocas palabras, sí es una selva y sí va a continuar, al menos mientras las autoridades y la empresa no se pongan de acuerdo. Y no sé usted, pero yo no apostaría a que eso vaya a pasar en el futuro cercano, considerando que la disputa tiene varios años y se está hablando de que otra empresa tome control del aeropuerto.

¿Y mientras tanto qué? Lara dijo que se considerará la posibilidad de poner más asientos, pues precisamente por sugerencias del público fue que se instalaron unas pocas bancas. Sobre el comedor, dijo esperar que "pronto" se llegue a un acuerdo con las autoridades.

Las salidas atiborradas no tienen remedio. Mientras la responsabilidad sea de Seguridad Púlica, la verdad, tengo cero esperanzas. Supongo que hay problemas de seguridad más urgentes.

Así que la selva y el aeropuerto siguieron viviendo felices... ¿para siempre?


Add to Google Add to Onlywire

La selva del Juan Santamaría

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

La salida del Aeropuerto Juan Santamaría es una experiencia selvática.

Si uno viene llegando al país, lo primero que impresiona al salir de la terminal es ver que la gente pareciera estar enjaulada. Decenas de personas pegadas contra el vidrio y hasta chiquitos con la nariz aplastada y la boca abierta jugando con su aliento en el vidrio. Atrás se observa a unos estirando el cuello a más no poder y a otros pegando brincos tratando de ver a la persona que esperan.

Pronto uno se da cuenta de que quien está como enjaulado es uno y de que no hay marcha atrás: debe salir y unirse a esa jungla humana.

Para eso hay dos salidas atiborradas de gente en las que unos ofrecen transporte informal, otros levantan rótulos con nombres escritos y hay hasta quienes ofrecen servicios especiales de cierto hotel josefino... Todos en competencia por ver cuál grita más duro y se ubica más adelante.

Entonces uno toma aire, agarra impulso y usa sus maletas como escudo protector para atravesar la jungla. Antes de darse cuenta, entre empujones y "compermisos", uno se convierte en un habitante más de esta, hasta que milagrosamente logra dar con quien lo espera para sacarlo de ahí.

Si uno es quien espera por alguien, también hay que tener valor. Uno llega y lo primero que ve es esto. 

Foto tomada de img297.imageshack.us/img297/8608/sjo4ey6.jpg

Luego de meterse en el gentío para ver las pantallas de información y confirmar la hora de llegada del vuelo, luego de observar a la gente pegada al vidrio o hasta sentada en el piso, entonces se observa la causa de que eso parezca una jungla: la ausencia total y absoluta de asientos. Ni uno solo. Hay dos o tres mesitas altas, tipo bar, pero nada de sillas.

Sí hay unas cuantas bancas metálicas algo alejadas de ese espacio de espera, pero la mitad se moja cuando llueve (es decir, todo el tiempo) y la otra mitad son tan solicitadas que casi hay que hacer reservación para agarrar una. Y aún si lo logra, tampoco se puede esperar ahí mucho pues por el gentío difícilmente se puede ver si quien uno espera llegó.

Para poder ver, a menos que uno se pegue al vidrio como calcomanía, lo cual me niego a hacer, o meterse entre los que ofrecen transporte y demás, lo cual es aún más desagradable, lo único que queda es ubicarse en algún rinconcillo y adivinar si esa maleta roja que se ve entre los pies del tumulto o si el pirucho que sobresale entre el mar de gente se parece al de quien uno espera.

Todo eso se solucionaría con unas sillitas que le permitan a todos tener cierta visibilidad o por lo menos hacer la espera menos incómoda. Si tan solo estuviéramos en una ciudad donde existieran las sillas y no en una selva...


Add to Google Add to Onlywire

CCSS se pone en línea

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Nunca me ha hecho mucha gracia escribir que la institución o el funcionario X anunció que hará Y cosa porque a menudo las cosas se quedan en el anuncio.

Sin embargo, como en mi ultima entrada hablé sobre médicos y falta de información, me parece relevante el anuncio de la CCSS de que a partir de la próxima semana pondrá en línea respuestas a preguntas frecuentes de pacientes con enfermedades crónicas, en el sitio www.ccss.sa.cr

A juzgar por el anuncio, se trata de un buen recurso para ayudar a los pacientes a comprender mejor su salud. Sería interesante que se dé respuesta a las preguntas que la gente envíe (no solo que un grupo de médicos decida qué información dar) y que luego se extienda a medicina general y especialidades.


Add to Google Add to Onlywire

Médicos y confianza a ciegas

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Siempre he visto con cierta envidia a esas señoras que dicen "Sí doctor, lo que usted diga" y se van tranquilas y contentas para la casa.

Yo, por el contrario, dudo de lo que dicen los médicos y a menudo me voy pensando que el doctor en el fondo no sabe qué tengo, que perdí mi plata y -peor aún- que estoy por mi cuenta.

Y ¿cómo no voy a desconfiar si la mayoría de médicos con los que he tratado cae en alguna de estas categorías? Aclaro que no pretendo generalizar, sino relatar mi experiencia personal.

-"Sin secretaria": Nadie les avisa cuando el paciente entra y nunca levantan la vista. Hacen algunas preguntas, pero queda la duda de si están hablando solos o leyendo en voz alta. Se observan sobre todo en el Seguro, donde hace mucho no voy.

-"Secreto de Estado": A estos no les gusta responder preguntas y se ponen incómodos si uno pregunta por qué tal diagnóstico o tratamiento y qué otras opciones hay. Como antes de ir a la consulta busco mis síntomas en Google, suelo llegar con algunas preguntas. No dura mucho en salir la mirada de "¡Ay, qué pereza con usted!" Pero si no me puede explicar, ¿cómo quiere que le crea? Y, si le da pereza explicar,