Costa Rica

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El juego del precio y el peso

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Un señor pensionado vino furioso a La Nación hace unas semanas. Traía dos empaques de leche Pinito y las facturas de Palí, para mostrarme que el precio del producto había aumentado a la vez que la cantidad que contenía se había reducido.

"Esto es un doble aumento, pero yo no me dejo", dijo antes de irse, con intenciones de poner denuncias en todos los lugares donde fuera posible.

En momentos en que a los consumidores les llueven aumentos gigantescos, de entre 50% y 70%, en productos básicos como frijoles, arroz, aceite y otros, algunas empresas han encontrado una linda forma de cubrirse de la tormenta

Mantienen los empaques del mismo tamaño pero reducen la cantidad del producto, apenas como para enredar al consumidor y hacerle creer que está comprando lo de siempre.

¿Lo hacen para evitar aumentos? No. Por supuesto que también aplican todos los aumentos que estiman "justos". ¿Lo hacen para que su marca parezca falsamente más barata, con respecto a otras que sí mantienen la cantidad? Saque usted su propia conclusión.

Un reciente estudio del Ministerio de Economía, Industria y Comercio detectó estas prácticas en varios productos. Aunque no citó marcas específicas, sí señaló que ni las hojas del papel higiénico se han salvado.

Como consecuencia, el consumidor compra una bolsa de arroz pensando que es más barato, cuando en realidad lo único que está haciendo es comprar menos cantidad (1,8 kilos en lugar de los tradicionales 2 kilos).

Tras de eso, la menor cantidad luego obliga al consumidor a elegir entre comer -o ir al baño- menos y tener que comprar más. "Un producto de mayor precio podría ser más beneficioso", concluyó el estudio.

Si de reducir cosas se trata, me pregunto por qué a quienes les pagan para inventar semejantes maniobras no se les ocurre mejor reducir cosas como el tamaño de todos esos empaques que contienen 50% de aire. (Sí, ya todos nos dimos cuenta de que era aire.)


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Vienen los aumentos creativos

por Hazel Feigenblatt Correo electrónico

Cuando de aumentar tarifas se trata, la creatividad no tiene límites.

Ahora resulta que -además de todos los aumentos en los combustibles y del posible traslado del impuesto del diésel a la gasolina- las estaciones de servicio están pidiendo un nuevo aumento.

¿La justificación? Limpiar los tanques para los biocombustibles tiene un alto costo y adivine a quién le toca correr con él...

También me llamó la atención una observación que hace Juan Carlos Hidalgo en su blog, quien dice que el Gobierno aprovecharía el traslado del impuesto para aumentar la carga fiscal.

Pero no se deprima...aún. El Gobierno se mantiene firme en empezar a vender los biocombustibles en octubre y todavía no ha definido las nuevas tarifas. ¿Cuánto apuesta a que por ahí podría venir otro aumentillo?


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