Estrategias guerrilleras en el cine
Es increíble que hasta para ir al cine hay que pensar en estrategias gurrilleras de negociación por la falta de atención básica de algunas empresas.
El lector Olman Solís tuvo la misma experiencia que yo, pero con resultados diferentes. Él fue a los cines de Multiplaza de Escazú y cuando compró palomitas y demás le dijeron que no había bandeja.
"Me molesté y le pregunté al muchacho cómo me iba a llevar todo lo que compré con solo dos manos. Me dijo: 'No hay bandejas caballero, ya se las llevaron todas' y, antes de que yo siguiera preguntando dio media vuelta y se fue. Increíble. Tuve que hacer de equilibrista con dos refrescos grandes en una mano y los nachos colgados peligrosamente encima de las palomitas en la otra. Y tras de todo tuve que entrar a la sala, ya oscura, tratando de no regarle todo encima a alguien", contó Olman.
En mi caso, en Multiplaza del Este, cuando me dijeron que no había bandeja, les dije que yo no pagaba hasta que fueran a traer una o alguien me ayudara. Mientras tanto, agarré las palomitas de rehenes e hice un bloqueo de la fila.
Empecé a comerme las palomitas dulces y abrí la botella de agua. Me dijeron: 'Pague y ya le ayudamos". Obviamente les dije que no pagaba hasta que no me ayudaran, porque yo estaba primero que tooooooda la gente que venía detrás mío y tenían que atenderme como se debe.
La muchacha tuvo que ir literalmente a rogarle a varios compañeros que me ayudaran a llevar las cosas hasta que alguien aceptó hacerlo. Lo que no entiendo es cómo a nadie en esa empresa se le ocurre que una simple bandeja puede echarle a perder la película al cliente y desperdiciar su plata si se le caen las cosas de camino, sin mencionar -como dice Olman- si ademés el reguero le cae encima a otro cliente.
Verdaderamente una falta de consideración imperdonable.
Contar hasta 50.000
Desde el lunes, cuando salió el blog, varias personas me han preguntado cómo se me ocurrió hacerlo. La respuesta corta es que todo el tiempo me pasan cosas que me obligan a hacer reclamos. La respuesta larga es que se me ocurrió una noche que traté de ir al cine Magaly, el año pasado. Pedí dos entradas, el empleado las imprimió y saqué la tarjeta para pagar. De pronto el empleado empezó a hacer unos ruidos respiratorios realmente extraños y a mover la cabeza como si tuviera unas palabras atoradas en la garganta, que no lograba ni sacar ni ahogar. -¿Y a usted qué le pasa? le pregunté. -Diay, es que usted tenía que haber dicho que iba a pagar con tarjeta, me reclamó. Fue un clásico ejemplo de un momento en el que uno debería contar hasta 50.000, pero yo llegué hasta dos.

06/10/2008 05:05:12 pm, 
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