Contar hasta 50.000
Desde el lunes, cuando salió el blog, varias personas me han preguntado cómo se me ocurrió hacerlo. La respuesta corta es que todo el tiempo me pasan cosas que me obligan a hacer reclamos. La respuesta larga es que se me ocurrió una noche que traté de ir al cine Magaly, el año pasado. Pedí dos entradas, el empleado las imprimió y saqué la tarjeta para pagar. De pronto el empleado empezó a hacer unos ruidos respiratorios realmente extraños y a mover la cabeza como si tuviera unas palabras atoradas en la garganta, que no lograba ni sacar ni ahogar. -¿Y a usted qué le pasa? le pregunté. -Diay, es que usted tenía que haber dicho que iba a pagar con tarjeta, me reclamó. Fue un clásico ejemplo de un momento en el que uno debería contar hasta 50.000, pero yo llegué hasta dos.
Malos pensamientos
Después de recibir un pésimo servicio de cable durante toda una semana y, encima, un trato indignante de parte del personal de la empresa, una señora de 75 años encontró una forma algo diferente de canalizar su impotencia y frustración.
Agarró un martillo y la emprendió a martillazos contra la recepción de la empresa Comcast en Virginia, Estados Unidos. El teléfono, la computadora y el mostrador fueron solo algunos de los destrozos, antes de que la esposaran y detuvieran. Por supuesto, no se trata de aplaudir la violencia, pero la verdad es que con el pésimo servicio que hay en algunos lugares muchos nos hemos imaginado haciendo algo así. Personalmente, confieso que en lugar de un martillo me he imaginado haciendo una entrada en ciertos negocios al estilo Rambo, con pintura de camuflaje en la cara y varias fajas de municiones en la cintura. Si usted ha visto la película Falling Down, con Michael Douglas, ya sabe a qué me refiero (puede ver el video al final de esta página, aunque solo lo encontré en inglés).

06/06/2008 04:26:36 pm, 
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