Crítica de teatro: Terremoto en la memoria

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De Bolivia: Recuerdo de lo irrepetible

Autor de la crítica: Wílliam Venegas wvenegas@nacion.com

Preguntamos: ¿por qué nos llega un teatro que nos hace sentir en los años 60 y 70, como aquel que se hacía en nuestro país al calor de los movimientos sociales de entonces? Es lo que vimos en el Teatro Nacional, el pasado martes 15 de este mes, presentado de manera eximia, solidaria y penetrante por el grupo Teatro de los Andes, fundado en Bolivia en 1991.
Estamos ante un teatro de acento social y de búsquedas estéticas sin límites. Alguien podría decir que es teatro envejecido, pero el buen arte no envejece: la libertad creada en un escenario, con audacia conceptual y talento artístico, no se agota.
En todo caso, el arte solo es reflejo (crítico o no) del sustrato socio-económico que lo produce. Así, la creación artística es supraestructural. En las décadas de los 60 y 70, un pensamiento cargado de utopías recorría América, por lo que las manifestaciones culturales le correspondieron. Ese fenómeno social vuelve hoy a inquietar conciencias en América Latina.
Por ello, renace este tipo de arte escénico. Es cierto que algunos artistas costarricenses aún no salen del limbo en que viven y también hay quienes buscan enriquecerse con la cultura; pero esto no sucede en otros rincones de Nuestra América (como la llama José Martí).
Bolivia está dentro de esas naciones cuyas esperanzas se debaten en contradicciones sociales. Su devenir político y económico marca una cultura como la que se expresa hoy en el Teatro Nacional con la obra En un Sol amarillo, teatro boliviano de esencia latinoamericanista para hablar de justicia e igualdad.
Allí están los males que aún arrastramos: corrupción, políticos venales, discriminaciones, inequidades, injusticias, pobreza, avasallamiento de los más humildes, represión, desarraigo y el servicio de la prensa a intereses adulterados. En Bolivia, los humildes hoy encuentran maneras de expresión, como este tipo de teatro.
La obra es una especie de confesión pública, basada en testimonios sobre el momento de un terremoto y de sus consecuencias en los poblados pobres e indígenas. En un momento de la obra se dice: “La vida es cruel y lo malo de Dios es que vive en las nubes”; en otra escena se repite: “A la gente pobre, cuando muere, ni los curan les tocan las campanas”; se repite esta frase: “No existe democracia donde reina la miseria”.
Por lo que hemos dicho, no crean que la puesta sea panfletaria. Nada de eso. Con pocos recursos escenográficos, hay un manejo creativo de la imaginación escénica, un agudo y bien logrado manejo del ritmo (del acento dramático) y afinado servicio de espacio en el amplio escenario del Nacional.
Las actuaciones están llenas de fe y de convicción. Los distintos personajes son encarnados con sabiduría y vehemencia por el elenco (tres hombres y una mujer), mientras la música subraya no solo los acontecimientos, sino también la concepción telúrica de la puesta en escena, al igual que la utilería.
El diseño de luces es significativo y refuerza los distintos matices y las emociones que se desprenden desde los acontecimientos. Definitivamente, la presencia del Teatro de los Andes ha venido a enriquecer la vida cultural del Festival Internacional de las Artes. Es teatro para volver en sí.

Teatro de los Andes (Bolivia)
En un Sol amarillo
Texto y dirección: César Miguel Brie.
Elenco: Víctor Gonzalo Callejas, Fidel Lucas Achrico, Alice Guimaraes, José Daniel Aguirre.
Lugar: Teatro Nacional.
Día: Martes 15 de abril.

Crítica de música: Satisfacción masiva

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Música sin agua: Cinco días de concierto y el agua no aparece

Autor de la crítica: Alberto Zúñiga albezuni@gmail.com

Debido a una amplificación sonora realmente deplorable quise, es más tuve que volver de nuevo al espectáculo que nos ha traído el grupo flamenco Madera Vieja.
En la denominada Tarima de la Música, del Bulevar de las Artes, las nueve musas fueron lapidadas, sin misericordia ni piedad por alguien que, estando al frente de la mesa de controles, solamente pudo eso: estar frente a una mesa de control de audio. Me llama la atención que siendo patrocinada esta tarima por una firma de equipos electrónicos (detalle que me parece ideal para este tipo de eventos) no se cuidaran de tener allí a un buen sonidista, que magnificara las propiedades de las marcas promocionadas.
Lo cierto es que al regresar a La Sabana en busca de los aires flamencos por segunda ocasión llegué a la gran tarima del Lago. Eso fue poner un pie en otro mundo, otra dimensión y así lo reconocieron algunos integrantes del grupo.
La noche del martes gran parte de la numerosa comunidad amante del flamenco que hay en la ciudad capital acudió para contribuir con gritos y palmas a los aires de esta fiesta gitana. Tal nivel de euforia e identificación con esta forma expresiva sugiere a los productores del festival contemplar la posibilidad de continuar invitando agrupaciones de este estilo.
Con Madera Vieja tuvimos la oportunidad de apreciar un poco de la juerga gaditana que incluyó tanguillos, soleas, bulerías y cantos de ida y vuelta.
Un grupo sencillo en lo instrumental, guitarra, cajón y violín más una pareja de cantaores, ambos de gran talante y arrojo, fueron complementados por dos bailadoras y un bailador. De todo el conjunto, solamente me incomodó la afinación del violín, aparte de este detalle Madera Vieja, con su juventud y energía, fue convincente en el ánimo de la audiencia.
Exceptuando algunos titubeos menores del guitarrista, la sincronización o coordinación de los comportamientos de los artistas que improvisan se mantuvo en estado febril y visceral.
En esta segunda oportunidad que pude escuchar al grupo español le antecedieron los costarricenses Francisco Murillo y Humberto Vargas, ambos cantautores de estilos muy diferentes aunque de formato instrumental similar.
Francisco Murillo, tras haber sacado al mercado su primer disco compacto, se ha proyectado en la escena de la canción urbana. Su personalidad escénica ha mejorado notablemente y comporta una mayor proyección vocal.
Las nuevas canciones de Murillo parecen ser más vitales que las anteriores y siento que ya ha conformado un estilo propio.
Con Humberto Vargas tuvimos un poco de lo que ya estamos acostumbrados a escucharle. Buenas canciones, buena interpretación, buena música. Novedoso el hecho de incluir a un grupo de personas que cantaron uno de sus temas en lenguaje gestual no verbal.
También resultó agradable ver como un grupo de estudiante de secundaria hicieron coreografía a dos de sus canciones inspiradas en el ritmo del tambito. Coreografías, por cierto, limpias y de trazos delicados.
Conclusión: la oferta musical costarricense sigue manteniendo un gran nivel en este festival para satisfacción de su público.

El FIA en la Tarima del lago
Presentación de Francisco Murillo (Costa Rica), Humberto Vargas (Costa Rica) y Madera Vieja (España).
Fecha: Martes 15 abril
Hora: 7 p. m.
Lugar: Parque metropolitano La Sabana.

Crítica de teatro: Invectiva burlona

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Sátira. La risa es también medio de denuncia

Autor de la crítica: Andrés Sáenz asaenz@nacion.com

Con la audacia y el desenfado propios de un elenco joven, en la obra Mi muñequita (La farsa), presentada el lunes, en el teatro 1887, el grupo uruguayo Complot se sirvió de recursos paródicos y satíricos, retozos eróticos y fono mímica, para gestar una denuncia contra varias de las lacras frecuentes que infectan las sociedades actuales en la mayoría de los países iberoamericanos.
Entre los males a que apuntaba la invectiva burlona de los jóvenes se encontraban la violencia física y psicológica que sufren los hijos de padres represivos; la publicidad engañosa y sexista; el sentimentalismo empalagoso de tanto cantante popular; la imagen cursi que se fomenta de la niñez y el abuso sexual de menores.
El elenco dio muestras de talento histriónico y presencia escénica agradable y desenvuelta, pero el material del espectáculo se agotó pronto y se volvió reiterativo.
No obstante, dada la corta duración, la pieza evitó tornarse cansina o fastidiosa, y los aplausos calurosos de una sala llena dieron fe de que el público disfrutó del entretenimiento.

MI MUÑEQUITA (LA FARSA).
Espectáculo teatral.
Dramaturgia: Gabriel Calderón.
Presentación: Compañía Complot.
Procedencia: Uruguay.
Elenco: Dahiana Méndez, Cecilia Cósero, Cecilia Sánchez, Mateo Chiarino, Leonardo Pintos, Leandro Núñez.
Iluminación: Pablo Caballero.
Vestuario: Ana Semino.
Dirección: Gabriel Calderón y Ramiro Perdomo.
Cita: XI Festival Internacional de las Artes (FIA 2008).
Lugar: Teatro 1887, CENAC.
Fecha: Lunes 14 de abril.

Crítica de danza: Unidos por una causa

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Multidisciplinario: La obra integra muchos lenguajes en función del mensaje

Autora de la crítica: Marta Ávila mavila21@gmail.com

En la presente edición del FIA, la danza salvadoreña estuvo representada por los miembros de la Compañía Nacional de Danza El Salvador y la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié, que actualmente dirige el costarricense Francisco Centeno.
Esta escuela fue fundada en 1951 como institución formativa en el ballet clásico y 20 años más tarde se incluyó la danza moderna como disciplina de entrenamiento. Por su lado, la compañía oficial la fundó Centeno el año pasado.
La propuesta escénica con la cual debutó el elenco salvadoreño es un musical, basado en el texto de Rudyard Kipling, El libro de la selva que nuestro coterráneo, Humberto Canessa, director de la Compañía Nacional de Danza, realizó en diciembre de 2007, en San Salvador, como coreógrafo invitado.
Canessa se enfrentó a la titánica labor de integrar 70 bailarines (estudiantes, maestros y bailarines profesionales) de diferentes niveles y disciplinas en un montaje donde convergen la danza, el ballet, el canto, la música y el video.
El estudiante Rolando Meléndez protagonizó a Mowgli, al lado de Francisco Castillo (Baloo), Cristina Zúñiga (Bageera) y Elsy Gómez (Kaa). Además, Bayron Nájera participó en el papel del tigre, junto a las bailarinas Laura Benítez, Sandra Santamaría, Guadalupe Gómez y Sonia Cansino. Todos desempeñaron su caracterización con soltura técnica y buena proyección escénica.
Como colaborador de la puesta en escena participó otro tico, Ricardo Aguilar, quien asumió la música original, la escenografía y las máscaras. Canessa también se involucró en el diseño del vestuario, canciones originales y las luces. Por su parte, el video que apoya la historia fue realizado por Trípode Audiovisuales. Todos estos elementos plásticos le dieron a la puesta el color y las texturas cromáticas, sonoras y coreográficas que contribuyeron a que el público se mantuviera entretenido durante una hora. En el mensaje de la obra se enfatizó el problema ambiental, la relación del ser humano y su entorno, aspecto que le da actualidad a puesta.
Finalmente, resultó interesante ver a los alumnos avanzados de la escuela, alternando con los maestros y bailarines de la agrupación oficial, todos dando lo mejor de sí en las respectiva técnicas que cada uno domina.
También fue atractivo poder ver a los más pequeños hacer sus partes con entrega y pasión.
Un aspecto que se debe cuidar en este tipo de montajes multitudinarios es la limpieza y en El libro de la selva vimos en algunos momentos, especialmente donde participan más de 20 personas, que el manejo espacial se tornaba algo sucio.
Qué lástima que los organizadores del FIA no hubiesen contemplado una función en la tarde de ese lunes feriado para que muchos niños hubieran gozado el espectáculo.
De todas maneras, los artistas salvadoreños recibieron un caluroso aplauso de pie por parte de la audiencia.

FIA 2008
EL LIBRO DE LA SELVA , de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (El Salvador)
Coreógrafo: Humberto Canessa
Intérpretes principales: Rolando Meléndez, Cristina Zúñiga, Francisco Castillo, Elsy Gómez y Bayron Nájera.
Dirección: Francis Lawrence
Fecha: Domingo 14 de abril de 2008, 8 p. m.
Lugar: Teatro Popular Melico Salazar

Crítica de música: La Liga quedó repleta de bolero

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Puntaje: Con este concierto, la música anotó cuatro y el agua lleva cero

Autor de la crítica: Alberto Zúñiga albezuni@gmail.com

Los apasionados de la salsa y el bolero orquestal tuvieron un preciado regalo con esta edición del Festival Internacional de las Artes. Esta segunda visita de Cheo Feliciano estuvo mejor que la primera y la circunstancia que le permitió al llamado Señor Sentimiento poder convivir entre nosotros por más días le facilitó al cantante una mejor comunicación con el público.
Cheo no solamente sabe cantar como los dioses; él es un maestro indiscutible del encanto y se adueñó, en un santiamén, de los corazones de los alajuelenses y demás foráneos que estábamos en la Plaza de la Patria (antes parque Juan Santamaría) la noche del lunes.
Puntuales, como debe ser para no jugar con la paciencia del público, los primeros acordes de la guitarra del director musical Loui García llegaron con un primer tema de Curet Alonso.
El primero de muchos pues Cheo incluye en su repertorio una gran cantidad de composiciones del notable Curet, a quien no terminó de agradecer y alabar durante todo el concierto.
Selección. La mayoría de las canciones para esta segunda visita fueron los boleros aunque, desde luego, complació a la audiencia con algunas salsas clásicas y otras versiones más moviditas en tiempo de bolero chachachá.
Este hecho, el que interpretara tantos boleros, me permitió apreciar lo que este hombre de 73 años, con más de 50 de estar dedicado a la interpretación, aún tiene de poder en su voz como pocos cantantes a su edad pueden hacer jactancia de ello.
Para mi Cheo está enterito. No solo por su voz sino por la lucidez escénica y su admirable energía física: el hombre es un excelente bailador y además tiene una agenda llena de eventos. Si a esto se le llama tercera edad, bienvenida la cuarta. El respeto que este señor causa y transmite está bien ganado. Quienes conocen su trayectoria saben muy bien el tamaño de esta leyenda viva en el mundo de la música popular bailable latina.
Por estas razones para el grupo nacional Son de Tikizia, la oportunidad fue de oro. Los rudimentos de la composición y el arreglo de esta música que compartieron con Loui García serán claves en sus futuras producciones. Por su lado, Wálter Flores, al piano, soltó su esencia salsera con rotunda desinhibición. La mano derecha de Wálter está volando y siempre anticipó el momento del solo con lo que la dinámica orquestal obtuvo fluidez.
El volumen orquestal bien medido y los arreglos limpios, sin excesos, atenuados por la experiencia de García como director musical de Cheo desde hace más de 20 años. La trompeta de Érick Sánchez brilló con luz propia. Los coros fueron precisos y sabrosos. La diversidad de texturas rítmicas deliciosa.
Cheo interpretó algunos de sus grandes clásicos pero también mostró algunas de sus nuevas canciones y otras, no tan nuevas, pero nunca antes escuchadas por acá. Ese fue el caso de una versión que Curet Alonso realizó sobre un tema de Duke Ellington, titulado Midnight Sun. También incorporó tangos abolerados, una mezcla que le va de maravillas a los dos géneros y finalmente su creación emblemática “El ratón” que es infalible. ¡Un conciertazo!

Concierto de Cheo Feliciano
Elenco: El puertorriqueño Cheo Feliciano y los nacionales de Son de Tikizia.
Fecha: Lunes 14 de marzo (como parte del FIA)
Lugar: Plaza de la Patria, antes llamado parque Juan Santamaría.
Hora: 9 p. m.

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